jueves, 16 de marzo de 2017

CES, Centro Escolar Pemex, una breve historia.

  Larga es la historia del edificio que conocemos coloquialmente como "La Dieciocho", lugar en el que pasé tres años de mi vida, pues allí, como una buena cantidad de salmantinos, hice la secundaria, solo que tuve la necesidad de repetir el tercer año, cosa que sucedió en "El Pedro" en Irapuato. El edifico lo conocí muy bien, aun me tocó cuando no se habían construido los salones del lado sur, pues era paso del Arroyo de San Antonio, incluso recuerdo el puente que había ahí. 

  El edificio fue inaugurado el 1° de marzo de 1897, por el Gobernador del Estado, que entonces era Joaquín González Obregón, el nombre que le dieron fue el usado para algunas selectas instituciones Escuela Modelo, luego se cambiaría a Escuela Modelo Porfirio Díaz. Algunos problemas presentó la obra pues, para 1913 vemos que el techo había colapsado, quizá por las fuertes lluvias que cayeron, al grado que la población estaba totalmente inundada. Por algún tiempo, dos o tres décadas, el inmueble estuvo vacío, luego se instaló allí, en los años cuarenta, la Escuela Hidalgo.  

  Ocurrió luego que ante el crecimiento inminente que vendría en la población por la puesta en operación de la Refinería de petróleo, hubo la necesidad crear los espacios educativos suficientes a nivel primaria y secundaria, tal fue el caso del CES-Pemex.

   “El Gobierno del Estado cedió en Salamanca, la antigua casa de la Escuela Hidalgo y 13 000 metros de terreno para la construcción de la escuela de Petróleos Mexicanos. A su vez tal Empresa ha proporcionado los medios económicos para la construcción de este gran centro escolar, que había de contar con kindergarten, escuela primaria elemental y superior, escuela secundaria, campos deportivos, albercas y todos los elementos de que un centro escolar moderno debe estar dotado y que seguramente habrán de convertirlo, al quedar concluido el año venidero [1952], en uno de los más importantes establecimientos docentes del país. El día 29 de abril [1951] fue inaugurada la primera unidad arquitectónica de él con asistencia del Señor Secretario de Educación Pública y el Señor Director General de Petróleos Mexicanos” (1).

   De lo dicho por el Gobernador en su Segundo Informe se realizaría solo una parte, el "kindergarden" fue abierto a la par de la Primaria Pemex el 12 de enero de 1955, sería luego sede de la Primaria Riama a partir de 1957, el resto quedó en el papel, no hubo ninguna alberca y los "campos deportivos" no furon otra cosa que un terreno que quedaba detrás de la Dieciocho, limitando al sur los "Talleres" y al norte con "La Pemex", es decir un llano.

  Para 1954 el Gobernador informaba que: “Se continúa la construcción de la Escuela Pemex y se instaló la red de drenaje en la calle por donde atraviesa la carretera Panamericana” (2). ¿Cuándo cambió de nombre la Secundaria Pemex por 18 de Marzo? no lo sé a ciencia cierta, parece que en 1975. La placa que en algún momento se colocó, quizá por el 50° Aniversario de su fundación original, una placa que fue (al modo) robada.


Fuentes:

1.- Segundo Informe del Gobernador Constitucional del Estado de Guanajuato, 15 de septiembre de 1951.

2,- Cuarto Informe del Gobernador Constitucional del Estado de Guanajuato, 15 de septiembre de 1953.


martes, 14 de marzo de 2017

La leyenda de "La Mano Negra" del padre Marocho

  Sobre el padre Marocho hemos ya publicado una especie de semblanza de su persona, la puedes ver aquí. El fraile agustino es un personaje enigmático por esa suerte de cualidad adivinatoria -por decirlo de algún modo- que poseía. La leyenda de la Mano negra no la conocía, dí por casualidad pues fue creada en Morelia, como quiera, se hace mención de la estancia del padre en Salamanca. Me parece curiosa, es por eso que la transcribo completa que sea más conocida en nuestra región.

  “En una de esas noches de invierno en que llovizna y hace frío, en que rodean los niños la cazuela de los buñuelos comiendo anticipadamente de los que se quiebra, en que sólo están quietos si la abuela de cabeza blanca y ojos amorosos les cuenta algo de aparecidos, oí lo que a mi vez refiero. El padre Marocho, de cuyo nombre no puedo acordarme, era una celebridad en la vasta provincia de agustinos de Michoacán, distinguiéndose principalmente por sus virtudes  después por ser pintor excelente que cubrió de cuadros de indiscutible mérito artístico todos los conventos de la provincia; por ser orador consumado, que con sus sermones llenos de elocuencia y de unción conmovía profundamente al auditorio por distraído que éste fuese; por ser teólogo y canonista como pocos de gran memoria y aguda inteligencia. Por todo lo cual era uno de los primeros que asistían a los capítulos de su provincia. Por entonces había capítulo en el convento de San Agustín de Valladolid y los padres capitulares habían venido de las más remotas regiones de la provincia, y entre ellos el padre Marocho que residía de ordinario en el convento de Salamanca.

  La sala capitular estaba a la derecha del claustro románico situado junto a la iglesia bizantina. Una ancha puerta de medio punto abierta a la mitad del salón daba acceso a él. Casi frente a la puerta de entrada se erguía una tribuna tallada en nogal negro. En los cuatro tableros de enfrente en forma de medallones se habían esculpido a los cuatro evangelistas. En el respaldo que remataba en un tornavoz figurando una concha, estaba esculpido en el entro la imagen de San Agustín. Tanto en el pie como en los barrotes que encuadraban los tableros, había una rica flora retorcida y gallarda, que los maestros carpinteros de los pasados siglos desarrollaban en sus obras, haciendo gala de una imaginación, tan fecunda como bella, y de una habilidad nunca igualada ni mucho menos manejada para superar los instrumentos de tallar y esculpir en madera. En armonía con la cátedra o tribuna y a lo largo de los muros en dos galerías alta y baja se desarrollaba una doble sillería de asientos giratorios labrada también en nogal negro. Cada silla era un prodigio de talla, teniendo en el respaldo esculpida la imagen de un santo de la orden.

  "En uno de los testeros se levantaba sobre una plataforma el trono del provincial y en el otro había una preciosa mesa cuyas patas eran garras de león, sobre la cual destacaba un crucifijo de cobre dorado a fuego, en medio de dos candeleros con sus cirios y un atril de plata cincelada para los santos evangelios. De la bóveda de cañón pendían tres arañas de cobre dorado a fuego cuajadas que iluminaban el salón con una luz tenue y dorada. Sobre los muros colocados a iguales distancias había colgados varios retratos de personajes prominentes, religiosos de la provincia de Michoacán, como lo era el del apóstol de la Tierra Caliente, de fray Diego Basalenque, de fray Alonso de la Vera Cruz sentado en su cátedra dando clase a varios discípulos, entre ellos al inteligente y aprovechado joven don Antonio Huitzimengari de Mendoza, hijo del último emperador de Michoacán, Calzonzi.

 Siempre el padre Marocho, por su antigüedad en la orden y por los cargos que en la misma desempeñaba, tenía el segundo lugar después del provincial en el capítulo y se sentaba en el primer sitial a su derecha. No había discusión en que no tomase parte ya suministrando datos históricos, ya recordando cánones, ya citando autoridades filosóficas y teológicas, ya discurriendo de modo que sus palabras eran escuchadas con verdadera sumisión y sus sentencias eran decisivas, influyendo grandemente en los resultados del capítulo, en donde se decidían cuestiones de capital importancia para la provincia y para la orden. Por tanto, a pesar de que en lo general el padre Marocho tenía una vasta erudición, sin embargo, mientras duraba el capítulo, estudiaba en su celda o en la biblioteca del convento hasta las altas horas de la noche.

  La biblioteca próxima a la sala capitular y en comunicación con ella, era también un gran salón abovedado circuido de una estantería de oloroso cedro que contenía cerca de diez mil volúmenes sobre todos los ramos del saber humano de entonces apare, de los nunca bien ponderados manuscritos relativos a las misiones e historia de los michoacanos. En el centro mesas de roble sobre las cuales había atriles y recados de escribir, tinteros de talavera de Puebla y plumas de ave.

  Allí estaba una noche el padre Marocho. El silencio más profundo reinaba en aquel recinto donde el hombre del presente entabla pláticas con los hombres del pasado; en donde el genio se comunicaba con el genio; se borra la noción del tiempo penetrando en las puras regiones del espíritu, echa a un lado la materia; en donde las pasiones callan y se doblegan ante la razón, su reina y señora. De repente el padre Marocho, según lo cuentan papeles viejos de aquella época de duendes y aparecidos, notó un ruido extraño a su lado, vuelve el rostro y ve que una mano negra cuyo brazo se perdía en las tinieblas, tomando entre sus dedos la llama de la vela, la apagó, quedando humeante la pavera. Con la mayor tranquilidad y presencia de ánimo dijo al diablejo: “Encienda usted la vela, caballero”. En aquel momento se oyó el golpe del eslabón sobre el pedernal para encender la yesca. Ardió la pajuela exhalando el penetrante olor del azufre y se vio de nuevo que la mano negra encendía la vela de esperma.

  -Ahora para evitar travesuras peores, con una mano me tiene usted en alto la vela para seguir leyendo y con la otra me hace sombra a guisa de velador, a fin de que no me lastime la luz.

  Así pasó. Y era de ver aquel cuadro. El sabio de cabeza encanecida por los años, los estudios y las vigilias, inclinado sobre su infolio de pergamino. A su lado dos manos negras cuyos brazos eran invisibles, una deteniendo la vela de esperma amarilla y la otra velando la flama. La luz apacible reflejándose sobre el busto del padre Marocho le dibujaba en el ambiente con este claroscuro intenso de los cuadres de Rembrandt, que tanto estiman los artistas.

  Vino la madrugada con sus alegrías. Aunque tenues, pero llegaban hasta aquel retiro los cantos de las aves que saludaban a la rosada autora desde las ramas de los fresnos del cementerio. Por los ojos de buey de la biblioteca comenzaban a penetrar dudosamente los primeros rayos del Sol. Entonces como ya no era necesaria la luz de la vela, exclamó el padre Marocho: “Pues bueno. Apague usted la vela y retírese, si necesito de nuevo sus servicios, yo le llamaré”. Entretanto que el padre bostezaba, restregándose los ojos, se oyó un ruido sordo de alas que hendían el aire frío y húmedo del nuevo día.

  No tardó en concluir el capítulo, quedando arregladas todas las cuestiones que hubo para convocarlo. Con todo, el padre Marocho se quedó en el convento a descansar por algunos días más. Vivía en una celda que termina en un ambulatorio que va de oriente a poniente iluminando en el centro por una cúpula con una linternilla. La celda era la última del poniente a mano izquierda con su ventana para la huerta del convento. Desde allí, como en un observatorio, contemplaba aquel artista un espléndido panorama. Las desiguales azoteas de las casas de aquel barrio, la loma de Santa María y el cerro azul de las Ánimas, sirviendo de fondo al paisaje. Como en estos días pasaba el Sol por el paralelo de Valladolid, al ponerse su disco rojo antes de ocultarse tras las montañas se asomaba curioso en el cañón aquel, tiñendo de rojo los suelos, los muros, las bóvedas, los marcos de las puertas de las celdas, las imágenes de piedra colocadas en sus hornacinas, produciendo unos tonos nacarinos y unas transparencias admirables. El padre Marocho quiso pintar aquellos juegos de luz, aquellos muros envejecidos tiñéndose de arrebol y mientras el Sol no pasó del paralelo se sentaba frente a su caballete con su paleta en la mano izquierda y su pincel en la derecha, y cuando menos acordaba, aquella mano negra le presentaba los colores y los pinceles que necesitaba para manchar su tela.

  Una noche, víspera de su partida del convento, al ir el padre Marocho a recogerse, vio en cierto lugar de la celda la misma mano negra que apuntaba fijamente. Él no hizo caso, porque ni tenía ni podía tener hambre de tesoros. Cerró sus ojos y se durmió.

  Después de muchos, muchísimos años, un pobre, habitando la misma celda y de un modo quizá casual, o más bien sabiendo esta leyenda que había visto en los papeles viejos del convento cuando era novicio de la orden de San Agustín, se halló un tesoro en el mismo lugar apuntado por la mano negra.

  Como me lo contaron te lo cuento. (1)

Fuente


Leyendas… de Valladolid, hoy Morelia. En Álvarez, José Rogelio. Leyendas Mexicanas. Tomo 2. Editorial Everest. León, España. 2004. pp 553-558

miércoles, 8 de febrero de 2017

La ceremonia del 12 de mayo de 1949 en El Señor del Hospital en Salamanca

  Una cosa es la inauguración de un templo y otra muy distinta su consagración. En el caso del Señor del Hospital nos tenemos que ir con mucho tiento para saber lo que ocurrió ahí, pues, las fechas son un poco confusas. De entrada es necesario saber que hubo una capilla en donde fue depositada la imagen del Cristo negro. Si se decía que era un "hospital" entonces debemos entender por esto que era un hospital de indios, cosa normal, común en el Obispado de Michoacán y en general en todo el centro de México. En el caso de los hospitales michoacanos hay la intervención de Vasco de Quiroga, pues fue él quien determinó que hubiera un en cada pueblo de su obisapdo. Pero si Salamanca fue fundada como Villa de españoles, entonces no debía haber un hospital aquí, sino más bien en el pueblo de indios de Nativitas, pero éste no fue fundado hasta 1655, por lo tanto la idea de que el Cristo negro fue depositado en la capilla de Barahona en 1560 se viene abajo.

  Sabemos bien que del Señor del Hospital no hay una historia, sí hay una leyenda, leyenda que comienza con aquello de que era blanco y se convirtió "milagrosamente" en negro. Que estando depositado en la capilla de Barahona, una noche, martes Santo, se clavó "milagrosamente" en la tierra, frente al altar, indicando que aquí se quería quedar. Eso es parte de la creencia popular que tejió una historia, más bien, una leyenda en torno a su imagen, su llegada y su presencia. El que estuviera en Jilotepec es poco creíble pues de allá nos dirían que, en efecto, ahí estuvo y eso no ha ocurrido. La leyenda, esas "devociones piadosas propias de los franciscanos" como lo definió atinadamente Rojas Garcidueñas, sustento histórico no existe. Por lo tanto en leyenda lo dejamos.

  De 1603 a 1635 no hubo un sitio parroquial del que se tenga noticias, no hubo un templo, una parroquia, aunque sí hubo un párroco que tenía a su cargo a Salamanca e Irapuato, Gaytán se apellidaba. La parroquia no se comenzó a construir hasta 1630, según lo dice Pedro González, ¿estaba la parroquia en el templo del hospital de indios en una villa de españoles? creo que no, en esa época la cosa era sectaria, incluso los indos de un pueblo estaban en un sitio, los de otros en otro, como ejemplo tenemos que los otomís estaban en Nativitas, los nahuas en San Pedro, difícil se me hace pensar que la parroquia de la villa de españoles de Salamanca estuviera en el hospital de indios.
  
  Dejo la idea sembrada... seguiremos trabajando para encontrar la ubicación del templo primitivo y, ahora, con documento en mano vemos otra impresición. La inauguaración del templo del Señor del Hospital, ocurrió el 30 de abril de 1924... ¿fue también ese día su consagración? No lo sé. Una cosa es inaugurar y otra consagrar. Para consagrar es necesario tener una reliquia de un santo... quizá esa fue la razón por la cual hay (o había) una astilla de un hueso que pertenecía a San Bernardino de Siena. Para que una consagración se lleve a cabo es necesario hacer un "entierro" en el altar mayor, de una reliquia. Eso, por ejemplo, ocurrió en la ceremonia del Sagrado Corazón en la que se colocó una reliquia de Santa María Goreti.

   La duda surge por esta tarja, en la que se invita a la población al XXV aniversario de la Consagración del Señor del Hospital el 12 de mayo de 1949. Siendo que la inauguración fue el 30 de abril de ese año. Quizá sucedió que las ocupaciones del Obispo de Morelia no le permitieron venir a Salamanca el 30 de abril y lo hizo hasta el 12 de mayo. No lo creo, pues entonces seguía siendo uno de los Santuarios de mayor afluencia en México.

  ¿Así que, esta foto corresponde a la ceremonia del 30 de abril o a la del 12 de mayo de 1924? eso tampoco lo se... muchas dudas me quedaron el día de hoy.

viernes, 3 de febrero de 2017

La “otra” leyenda del Señor del Hospital de Salamanca

   Parece increíble que haya sido en la Biblioteca de la Universidad de Princenton (Dei sub nomine viget «Bajo el nombre de Dios florece»), en su Seminario de Teología en donde haya encontrado esta otra leyenda que trata de darle sentido a la llegada de la imagen a nuestra población. Varias cosas llaman la atención, una que nuevamente se refieran a un “viejo manuscrito” en la sacristía del templo de Nativitas, otra que no mencionen ningún hecho milagroso que la haya convertido del blanco al negro y que se mencione un pueblo próximo a la ciudad de México del que nunca había oído hablar, Cárdenas, y que se le dé el nombre de Preciosa Sangre de Cristo. Este dato me remite a una interesante pintura de “devoción” que existe en el templo Expiatorio, quizá la leyenda que ahora vemos se tejió en torno a éste lienzo que fue ejecutado en 1801.

   El personaje central de la leyenda lleva por nombre Cristóbal, que nos remite a Christóforos, nombre antiguo de ese santo que forma parte de la Leyenda Dorada, una especie de catálogo de santos (hagiografía) que incluía a los más “famosos” de la Edad Media. Christóforos se traduce como “el portador de Cristo” de ahí que no nos sorprenda que quien creó la leyenda lo haya usado. Me sorprende que ubique la parte intensa del relato en la Hacienda de Marigómez. La puntillada final del escrito que estás por leer es cuando menciona que los Cristos, eran dos imágenes, fueron pintadas de negro.

   “Allá por los años 1581 vivía en el pueblo de Cárdenas, cercano a la ciudad de México un piadoso hombre llamado Juan Cristóbal, gran devoto del Santo Cristo bajo la advocación de la Preciosa Sangre de Cristo que era adorado grandemente en el lugar. Un día que el Cabildo de la Ciudad de México venía rumbo al norte del país, Juan Cristóbal desapareció del pueblo, y al día siguiente, con gran asombro del vecindario, la santa imagen del Cristo no estaba en su altar. La tradición dice que la imagen era de la propiedad de Juan, pero el hecho es que el mencionado Cristóbal sacó la imagen del templo y la trajo consigo acompañando al Cabildo hasta San Juan del Río.

  Las autoridades civiles y eclesiásticas del pueblo de Cárdenas, entre tanto, justamente alarmadas, convocaron al vecindario y determinaron que tres personas salieran en busca del santo crucifijo y que no regresaran hasta no encontrarlo, por lo tanto, s pasados tres años no volvían, los darían por muertos. El párroco dio a los comisionados la bendición, se les rezaron responsos y se tocaron dobles a la hora de su partida.

   "Tenía cuatro años de instalado Juan Cristóbal en San Juan del Río cuando supo que los vecinos de Cárdenas, venían en su persecución y entonces, tomó la imagen a cuestas y se trasladó a Santiago de Querétaro, y a los cuatro meses volvió a informársele que sus perseguidores se acercaban a esa población, y ésta vez, caminó con su Señor más lejos hasta llegar a San Miguel el Grande donde duró un año. Pero los incansables vecinos de Cárdenas le seguían la pista.

  "Sabedor Juan que ya llegaban a San Miguel, se fue a las Cañadas de Landín, jurisdicción de Salamanca, durando en este punto tres meses, pero la persecución seguía y tuvo que cambiarse a Marigómez donde ocultó a la imagen en una cueva, que todavía es conocida por el nombre de la Cueva del Señor del Hospital, lugar que dista 5 leguas de Salamanca, durando en ese escondite muchos años, hasta que por fin aquellas infatigables tres personas que lo buscaban dieron con él. Una vez que se encontraron con Juan Cristóbal, éste les dijo que la sagrada imagen no podía volver a Cárdenas, pero que fueran a aquel lugar y trajeran al maestro que la había hecho, para que hicieran una igual y la llevaran a Cárdenas para que los vecinos quedaron contentos.

  “Se fueron dos de aquellos quedando uno al lado de Cristóbal, regresaron al poco tiempo con el maestro, quien duró seis meses para hacer la copia del santo Cristo, pues trabajaba únicamente los viernes, dice el manuscrito.   Una vez terminada la pintó de negro, la pintó a mano cubriendo las dos imágenes para que se secaran y librarlas del polvo, no sabiéndose a punto fijo, cuál de las dos quedó en Marigómez.

 "Ya sin pendiente, el Señor crucificado tenía más culto y al poco tiempo hizo el milagro de volver la vista a un ciego, y haciendo muchos de éstos y muy patentes a los vecinos del Real de Minas de Santa Fe de Guanajuato, éstos señores hicieron gestiones para llevarse la milagrosa imagen a aquellos lugares.

   “Una viejecita ciega e inválida, escuchó estos preparativos en Salamanca y casi a rastrándose se encaminó a Marigómez a dar la noticia a Juan Cristóbal; la anciana en el camino sanó de la parálisis y de la ceguera. Inmediatamente que supo la noticia, Juan Cristóbal trasladó a su Señor a Salamanca, ocultándolo en San Juan de la Presa, y entonces todos los vecinos de Nativitas, unidos con los del Gobierno de Indias quisieron, llevados por la fe, que se colocara la milagrosa imagen en el templo del hospital que estaba edificado en la Villa de Salamaca, donde se le rendiría culto y no permitiría que lo sacaran los de Guanajuato.

  Juan Cristóbal seguía acompañando a su idolatrada imagen y al ser colocada en el altar dijo que el santo Cristo sería venerado con el título de la Preciosa Sangre de Cristo del Hospital de Salamanca y manifestó también que su voluntad y pedimento era que al morir, su cuerpo fuera colocado a los pies del Divino Redentor. A los cuatro meses exactos, murió Juan Cristóbal, y se cumplió su voluntad. Estos datos están tomados de un manuscrito que tiene 66 años (1895), y que fue legado por sus antepasados al Sr. Presbítero D. Francisco Soto.

  “Se dice también que se venera dicho santo Cristo desde tiempos de don Vasco de Quiroga y que cuatro siglos estuvo en la capilla del Hospital que en Salamanca mandó construir este virtuoso Obispo de Michoacán, por lo cual se le conoce con el nombre de El Señor del Hospital de Salamanca.

  Es uno de los más taumaturgos en el centro del país, pues apenas si hay persona alguna a la que no se le haya hecho algún favor o maravilla. Sus festividades se celebran el martes Santo y constituye toda una romería de los pueblos vecinos y una fiesta tradicional donde se compran las charamuscas más sabrosas del centro de la República. Su templo es ahora uno de los más hermosos y el Cristo tiene un altar mayor precioso, retablo en cantera regional, y existe el proyecto de pedir su elevación a la categoría de Basílica Menor. Su torre es esbelta y de elegante arquitectura moderna, en su interior existen frescos de bello colorido y de no escaso mérito con motivos de la pasión de Cristo, la capilla de las Tres Caídas posee frescos de un extraño dibujo y raro colorido que parecen ser copiados de una vieja Biblia Sajona. (1)”

Fuente:

1.- Ojeda Sánchez, José de Jesús. Cristos de México. Dentro de la revista Cristo Rey en México. No. 11 y 12, Año VIII, Vol. VIII. León. Nov. Dic. 1961.

jueves, 2 de febrero de 2017

La inauguración del campo de beisbol Antonio M. Amor en Salamanca

  Fue el 25 de febrero de 1950 cuando el Gobernador del Estado de Guanajuato, Aguilar y Maya, inauguró el campo de beisbol Antonio M. Amor. La refinería aun no estaba inaugurada pero algunas plantas (creo) ya estaban en operación o, al menos en pruebas, seis meses más tarde sería la ceremonia



  No tengo idea cuándo habrá desaparecido la placa, el sitio lo había visto pero no sabía que ahí había estado, solamente me llamaba la atención esa especie de válvula que estaba colocada como adorno en el asta bandera. Curioso detalle.




lunes, 30 de enero de 2017

¿Qué tan plano, tan llano es Salamanca?

   La pregunta, como todas, depende desde donde la veamos... es decir, de por dónde andemos y lo que en el entorno hay. Salmanca es, efectivamente una llanura, pero hay que aclarar, la ciudad (que fue una villa) de Salamanca, efectivamente está en una llanura, pero el municipio, al menos un 40% de él está en la sierra... por difícil que nos parezca esta idea.

   Llegando a La Ordeña, Salamanca se sube, por así decirlo, a la Sierra, y de ahí sigue por muchos kilómetros hacia el norte, al igual que por Temascatío o Mendoza. Y si vemos al sur, basta tan solo ponerle atención a los cerros que, luego del libramiento están... La Cal, La Curz, Palo Alto, Comaleros... y luego más y más, hasta llegar al Valle de Santiago.

   Así, pues, respondiendo a la pregunta que yo mismo hago... no, Salamanca no es tan plana como la imaginamos, para prueba bastan estas imágenes.







  Efectivamente, este es el rumbo de Marigómez.

sábado, 28 de enero de 2017

Antes y ahora: La placa de la calle Ramón López Díaz

  Salamanca, Abril 16 de 2015, la placa estaba prácticamente nueva cuando la "descubrí" pues el 27 de marzo se había colocado. Si no ubicas esta calle, es justo la que sale frente a la entrada principal y termina en Pánuco, son solamente dos calles las que abarca, se le dio el nombre de Ramón López Díaz, persona que fuera Secretario General de la Sección 24 del STPRM.

  Salamanca, Enero 27 de 2017, ayer que pasé por ahí me sorprendió ver las condiciones en que está la placa, han pasado apenas cerca de dos años...