jueves, 20 de marzo de 2014

Se puede afirmar que ni en Francia ni en Alemania hay conjuntos más elegantes, atrevidos y completos que estos de San Agustin de Salamanca.

   Una de las razones por las cuales muchos neófitos en el tema de las artes abandonan el interés de seguir profundizando en la Historia del Arte es cuando topan con textos poco ágiles, muy churriguerescos y con dejos de precisión de tal dimensión que, se vuelven tan pesados y difíciles de interpretar y entender, sobre todo de mantener una atención en la lectura que, acaba uno por abandonar el interés. Por fortuna los actuales críticos de arte son amenos y no abusan de sus conocimientos tratando de dar doctas conferencias en cada página que escriben. Como ejemplo de estas escrituras complejas, rebuscadas y tediosas tenemos el siguiente ejemplo que, por mera casualidad encuentro en la biblioteca municipal de Cancún, sitio en el que no sólo viene uno a vacacionar, sino también, a aprender.En esta transcripción que hago de la obra del Arq. Villegas, incluyo algunos enlaces para hacer más entendibles los términos usados.

    "En la iglesia de convento de San Agustín, también en Salamanca, y en los extraordinarios retablos del interior "...la palabra estípite adquiere su última forma; su dibujo imposible ya de perdurar; su disloque total como composición geométrica. Si en el Sagrario de México o en Tepotzotlán, cada uno de los elementos del estípite es perfectamente lógico en su concepción arquitectónica, aquí lo que debería ser tubo se convierte en una calabaza". En el retablo de San José los estípites tienen la composición ornamental complicada que indica De la Maza; la Rocaille es tema importante en ellos. Se consideran aun estípites por el crescendo en volumen y riqueza de la ornamentación simétrica de un eje central, desde su iniciación -no se le puede llamar base propiamente- hasta su termino superior en que hacen de cariátides cabezas de querubines alados -por lo que tampoco pueden llamárseles con propiedad Hermes- que tienen en la cabeza a manera de capiteles sendos canastos entretejidos, cónicos y de gran fondo, que sostienen un entablamento con un pedazo de cornisa que tienen un roleo en un extremo y concluye roto en el otro.

"Estos singulares estípites -un par a cada lado de la parte central-, tienen en sus entrecalles dos nichos que se cubren con dos enormes coronas, que recuerdan las del retablo destruido de San Julián en Sevilla. Sobre los estípites vegetales, y precisamente sobre los roleos, cuyos centros coinciden con los ejes de los apoyos centrales hay dos estípites en el segundo cuerpo, uno a cada lado de la ventana, de tipo Mercurio, atlantes, como saliendo de elegantes floreros y descubriéndose las figuras humanas de un manto; directamente sobre las cabezas tienen sendos entablamentos individuales.

   "El retablo de Santa Ana, del mismo templo salmantino, los estípites son relieves asimétricos con relación a su eje, en los que domina la rocaille con objetos en su parte superior, con capiteles, sosteniendo fragmentos de cornisa. Estos relieves que fueron pensados para servir de pilares rococó, recuerdan los de Cayetano da Costa en Sevilla, cuyos elementos rocaille están abultadísimos, formando apoyos vigorosos y casi exentos, de un barroquismo exuberante, en los retablos de San Salvador y de San José de 1770 a 1762 respectivamente.

   "El arte rococó que en Francia no constituyó un estilo propiamente arquitectónico, ni se manifestó en exteriores sino que tuvo características eminentemente ornamentales en los interiores, en combinaciones asimétricas a base de rocaille se manifiesta exuberante y distinto en el templo de San Agustín llenando el retablo-celosía la rocaille mezclada con los roleos churriguerescos le dan gran carácter a esta obra ornamental y arquitectonicamente admirable y de extraordinaria belleza.

   "Para el estudio particular del estípite son muy interesantes, por todos los conceptos las pilastras, cariátides y Hermes con capitel corinot y con el cuerpo descendente a base de rocaille. Más que una descripción literaria de ellas que por más elocuente resultaría totalmente incompleta, se precisa una buena reproducción, y todavía mejor si se les ve en su sitio armonizado en un conjunto, prodigio de arte y ejecución. Se puede afirmar sin temor a equivocarse que ni en Francia ni en Alemania hay conjuntos rococó más elegantes, atrevidos y completos que estos de San Agustin de Salamanca. (1)

   Así, pues, no lo digo yo, no lo dice nadie de Salamanca que, expresando su cariño a la zona, haga semejante comparación, y semejante afirmación, lo dijo el arquitecto Víctor Manuel Villegas Monroy.

Fuente:

1.- Villegas, Víctor Manuel. El gran signo formal del barroco. Ensayo histórico del apoyo estípite. Gobierno del Estado de México, Toluca. 1993. pp.447-448. La edición original de esta obra fue publicada por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM en 1956.

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