miércoles, 8 de septiembre de 2010

La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe “tocada” en Salamanca.

Hay algo que supe debido a que los descendientes de Candelario Rivas, el pintor zacatecano que estuvo tres o cuatro años en Salamanca en la década de los años veinte del siglo XX realizando las pinturas murales del Señor del Hospital; ellos, sus descendientes, tuvieron a bien documentar la obra que su abuelo dejó en el Bajío.


Así pues, fue allí en ese libro, que bien puede ser un álbum familiar, donde se contienen detalles de la vida y obra del pintor. Cuentan que estando el artista aquí, en Salamanca, “un misterioso auto llegó en la noche por él y lo llevó a México”… de esto poca gente se enteró. Apenas había sucedido el atentado dinamitero contra la imagen de la Virgen de Guadalupe en su santuario del Tepeyac, oficialmente se había informado que nada le había sucedido al milagroso ayate, sin embargo, la verdad era otra. Hubo la necesidad de llevar a un artista para que restaurara el prodigio y la responsabilidad cayó en él, en Candelario Rivas.


Aproximadamente un par de semanas después Candelario Rivas regresó a Salamanca a continuar con la obra encomendada en el ahora Santuario del Señor del Hospital, sus manos habían sido ya “tocadas”. ¿Por qué digo tocadas? Pues bien, a raíz de las investigaciones que estoy haciendo en torno a la Ruta de Hidalgo, esto debido a que ahora en el Bicentenario creo es el momento justo para hacerlo, encuentro un estudio que se hace al estandarte que usó Hidalgo como bandera del movimiento Insurgente, ese que todos sabemos tomó en Atotonilco, antes de llegar a San Miguel el Grande.


Se habla de las copias que a principios del siglo XIX se hacían de las imágenes religiosas, especialmente de las que representaban a la Guadalupana, las cuales eran compradas por las parroquias de las provincias más ricas de la Nueva España y dice que…


“…porque están “tocadas”, o sea, porque provienen de manos que han tocado el original, de todas sus pinturas, las que más se estiman y mejor se cotizan en el mercado son sus copias de la imagen Guadalupana, como la que acaba de firmar. (Se refiere a la usada como estandarte de los Insurgentes). (1)


Así pues, si para principios del siglo XIX se usaba el término “tocadas” para determinar el valor que las pinturas que se elaboraban de las imágenes santas, considerándolas, prácticamente originales, bien igual podemos decir que para principios del siglo XX hubo una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe que fue “tocada”, pues una vez que Candelario Rivas terminó su trabajo secreto de restaurar el ayate en el Tepeyac, volvió a Salamanca para legarnos una imagen de ella, la cual debemos saber es una imagen “tocada”. Tesoro único que guarda el Santuario del Señor del Hospital en su altar mayor.


Fuente:


1.- Barrera Bassols, Jacinto. Pesquisa sobre un estandarte. INAH. México, 2010.



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