miércoles, 6 de enero de 2010

La importancia de la industria textil en la historia de Salamanca

Placa conmemorativa del Gremio Textilero de Salamanca, colocada en la Parroquia Antigua el 30 de Noviembre de 1974, será interesante saber la razón por la cual en esa fecha fue colocada la placa.


Tratándonos de adentrar en la historia de Salamanca, en esa parte que va más allá de la que nosotros, los salmantinos, hemos oído siempre, llegamos a un punto que se vuelve de lo más interesante y que tal vez no le hemos dado su debida importancia ya que fue a mitad del siglo XX cuando comenzábamos a vivir todos los de mi generación, que seguramente será el mismo caso tuyo, que desapareció la industria que durante varios siglos dio fama, empleo y, en buena medida, mantuvo vigente el fervor de la gente hacia la imagen del Cristo Negro del Señor del Hospital. Me refiero a la industria textil.


De los pocos documentos que existen y que atinadamente fueron rescatados por el Licenciado José Rojas Garcidueñas (1), encontramos una de las tradiciones más fuertes que siguen luchando por sobrevivir en nuestra comunidad, la de la Octava de Corpus, en donde, era el Gremio Textilero el que más lucía durante los festejos al ser el más sólido y grande, por consecuencia, el de mayores ingresos económicos, esto sucedió de 1950 hacia atrás, principalmente.


Si ponemos atención a lo sucedido a finales del siglo XIX, cuando doña Emeteria Valencia de González, dama originaria de Salamanca que vivió una afortunada existencia y que en base al esfuerzo del trabajo de sus padres, doña Tecla y don Patricio logaron desarrollar una industria que al poco tiempo se volvió la base de la economía local, la textil. Sus telares crecieron y, aunque fueron trasladados a Salvatierra, Celaya y Soria, lugares relativamente cercanos a Salamanca, fue gracias a ella y al usufructo recibido de la comercialización textilera que ella tuvo los fondos suficientes para desarrollar la idea de construir nuevo templo, digno, grande y sólido en el cual se venerara al Cristo Negro del Señor del Hospital.


Fue ella quien en 1887 contrata al ingeniero inglés avecindado en Salamanca, don Ernest Barton, para que diseñe este templo, le solicita incluya lo mejor de la producción artística nacional, y es así como comienza a gestarse la idea de tener un verdadero monumento arquitectónico en donde se establecería la Santa imagen de Nuestro Señor Jesucristo en su advocación del Señor del Hospital, idea que se materializa en 1924 al ser consagrado el templo que incluía los mármoles de Ponzanelli, las pinturas de Candelario y José Rivas y los diseños decorativos del padre Ives Grall.



Hacia 1948, la legendaria Editorial Grolier publica en la Gran Enciclopedia del Mundo, una pequeña descripción de Salamanca con sus dos industrias importantes: la empacadora de conservas y la textil. “Municipio del estado de Guanajuato con 599 km2 y 49200 habitantes. Ciudad económicamente fuerte en la que la producción agrícola se conjuga con la industria y el comercio, produce cereales, leguminosas y productos típicos del clima templado y asienta su industria en la fabricación de tejidos de algodón y lana, guantes y conservas vegetales”.


Pero, ¿cómo fue que la industria textil se estableció en el Bajío y, especialmente en Salamanca? Para responder esa pregunta debemos irnos mucho más atrás en el tiempo, a los años posteriores a la caída de la Gran Tenochtitlán y el repartimiento de tierras que los españoles hacen del territorio conquistado. En esa época, 1521, era conocida casi toda la costa del Golfo de México y el camino que incluía la ruta entre Veracruz y México, la periferia de la ciudad y no más. Poco a poco fueron explorando los territorios del norte para que, apoyados con los caciques de Jilotepec que se habían ya aliado a los españoles, incursionaran más al norte.


Lo que actualmente es Salamanca era, en aquella época, el punto de confluencia de dos pueblos enormes, uno tranquilo y desarrollado, el otro bárbaro y belicoso, los Tarascos y los Chichimecas, respectivamente. Unos instalados al norte del río Lerma, los otros al sur del mismo, un punto de por si ya conflictivo al que se le agregó un pueblo más, el Otomí venido de Jilotepec.


Las zonas agrícolas se habían ya establecido en el valle de México, más aun, en las fértiles tierras de Cholula. Puebla aun no se fundaba como ciudad, lo benigno de esa tierra, la cantidad de gente ya esclavizada para trabajar para los españoles y el clima mediterráneo ayudaba a producir todo lo que los nuevos habitantes de México venidos de Europa necesitaban, pero era necesaria la cría de ganado, tanto mayor (caballos, reses, vacas) como menor (chivos, puercos y borregos) y los terrenos ideales para ello fueron encontrados en la zona que conocemos actualmente como Bajío. Las estancias fueron entregadas. Una estancia de ganado menor, como la que se le entregó a Sancho de Barahona, consistía de 1700 hectáreas aproximadamente y allí, y más aun, en el norte del estado de Guanajuato, en los campos de San Miguel el Grande, son cientos, miles de cabezas de ganado las que se van desarrollando. En consecuencia la abundancia de lana era tal que los obrajes textileros comenzaron a surgir por toda la zona. Las estancias ganaderas fueron dando paso a las congregaciones que al tiempo se volvieron villas y son en la actualidad nuestras ciudades. Es para 1548 que se descubre la veta madre en Guanajuato, la que atrajera la atención de la corona española al darse indicios de la riqueza ilimitada que el subsuelo poseía, para fin de que la minería prosperara era necesario tener más mulas y caballos, mas granos con que alimentarlos y más obreros que trabajaran en las pésimas condiciones de seguridad e higiene de la época.


“Las riquezas de la agricultura y la minería pronto convirtieron a la Intendencia de Guanajuato en un centro manufacturero muy diversificado; en general se trabajaba la lana de sus ganados, con la que se hacían muy buenas y famosas cobijas, jorongos, cobertores y otras prendas de vestir; igualmente se tejía el algodón, sobre todo para hacer mantas, de las que se confeccionaban los vestidos mas generalizados”. (3)


De las estancias ganaderas todo era utilizado, lana y carne era lo más importante, pero también el sebo con el que se producían jabones, velas y lubricantes, ni que decir de los cueros que dieron paso a la industria de la curtiduría, por ende de la zapatería, misma que en Salamanca llegó a ser de importancia, especialmente por los trabajos realizados en gamuza. “De la cría de ganado menor, concretamente de las ovejas introducidas en América por los españoles, se derivó la más importante de todas manufacturas desarrolladas en la región: la textil. La producción textil en Guanajuato, sin embargo, no se restringió al uso de la lana como materia prima, sino que siguió incorporando el algodón a la trama de sus telas. La especialización de los centros urbanos textileros de León, Celaya, Santa Cruz, Salamanca, Acámbaro y San Miguel, se debió en parte a la cercanía de fuentes proveedoras de materias primas. Poco se sabe del cultivo del algodón, que en Guanajuato surtía a los numerosos talleres que lo trabajaban. De fuera, era traído de la frontera michoacana y de las costas de Jalisco, Colima y Nayarit”. (4)


Los excelentes textiles y otros productos que en Salamanca se elaboraban, tales como velas, sombreros, canastas, zapatos y guantes, no eran solo para surtir las necesidades locales, eran comercializadas en otras regiones y en ferias, destacando una de las más importantes de todo el país durante el siglo XVIII, la de San Juan de los Lagos, “que se realizaba en el mes de diciembre, estaba dominada por comerciantes de Guanajuato, León y Salamanca, que acudían a la feria para reabastecer las haciendas, los ranchos y las poblaciones de la zona”. (5)


Pero no todo fue bonanza, hubo un tiempo en que la corona española, con tal de favorecer lo que en su territorio se producía, anulando los impuestos de exportación a sus telas elaboradas en la zona de Cataluña, compitiendo con enorme desventaja con lo que el Bajío ofrecía, a esto debemos incluir las sequías que para finales del siglo XVIII se presentaron, causando con esto una enorme inestabilidad, misma que hizo cada vez más fácil el movimiento libertario, por un lado con la inconformidad de los habitantes de la Nueva España y por el otro, la debilidad que España presentaba ante los enfrentamientos invasores que tuvo por parte de los ejércitos napoleónicos.


Iniciada la guerra de Independencia, el Bajío padeció hambrunas, saqueos, asaltos. Al encontrase en la zona de mayor conflicto, la producción en minas y haciendas fue prácticamente abandonada. Fue hasta 1840 cuando el empeño de don Patricio Valencia rindió nuevamente frutos al recuperar la tradición textil en Salamanca.


Un curioso relato de un viajero norteamericano, Albert M. Gillian, titulado Travels in Mexico, en donde relata, entre muchas cosas, en modo muy ameno, su paso por Salamanca el 10 u 11 de enero de 1844, en el que viene a corroborar de forma contundente esa producción textil que tanto orgullo causó a la zona: “Salamanca es una ciudad industrial y sus molinos de algodón se impulsan con fuerza animal. El propietario de la Casa de la Diligencia me divirtió mucho porque se extasiaba ante una pieza de algodón: llegó corriendo hasta los pasajeros y nos la mostró; en tanto que los españoles y el mexicano (se refiere a los pasajeros de la Diligencia), se le acercaron para examinarla, él los hizo a un lado para ponérmela sobre el regazo con aire de gran comerciante. Examiné la mercancía, y mirándola, le dije: “Bueno”; al oír esto el buen viejo aplaudió y empezó a darme palmadas sobre los hombros hasta que me fatigó. Tuve interés, con todo, en saber el precio de la pieza… y se lo pregunté a mi huésped, a lo que replicó “que tres reales” (treinta y siete centavos americanos). Estoy seguro que estas mercancías muy bien podrían importarse en México al magnífico precio de doce centavos. No hago comentarios posteriores sobre las aduanas, y eso en un país que en cada pedazo de tierra podría culturase el algodón”. (6)


Y es durante el Porfiriato que el gobierno federal, con la intención de promover la instalación de nuevas industrias en el país que “los ingleses tuvieron libre acceso a la economía mexicana y de otros países latinoamericanos, que al abrir sus puertos, propiciaron una inundación de importaciones inglesas. Los textiles importados de Inglaterra fueron causa de la ruina de muchos productores de Guanajuato y del Bajío, como había sucedido años atrás con los producidos en Cataluña”. (7)


Del resto de la historia, de su conclusión, de cómo que fue desapareció de Salamanca la industria que la mantuvo durante varios siglos su progreso económico, creo que has sido testigo. Indudablemente que en Salamanca han pasado tantas cosas y tan importantes que es conveniente hacer un alto a nuestra ajetreada vida y ahora, que estamos iniciando el año de conmemoraciones, religiosas y civiles, de suma importancia, demos el valor y el lugar que esta tierra pródiga que nos vio hacer y que nos cobija a pesar de todos sus pesares. La historia de Salamanca es única, no la olvidemos, no la dejemos perder.


Bibliografía:


1.- Salamanca, recuerdos de mi tierra guanajuatense. José Rojas Garcidueñas. Editorial Porrúa. México, 1984.


2.- Gran Enciclopedia del Mundo. Vol. 16, Editorial Grolier, Nueva York, 1948, publicada por Durvan de Ediciones, Bilbao, España, 1960.


3.- Haciendas de Guanajuato. Isauro Rionda. Editorial la Rana, Guanajuato, 2001.


4.- De vetas, valles y veredas. Rosalía Aguilar Zamora. Editorial la Rana, Guanajuato, 2002.


5.- Breve historia de Guanajuato. Mónica Blanco, Fondo de Cultura Económica, México, 2000.


6.- Viajes en México, crónicas extranjeras. Tomo II. Margo Galantz. SEP Ochentas, número 34. México, 1982.


7.- Mónica Blanco, op. cit.



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